Autos eléctricos en el Himalaya

Autos eléctricos en el Himalaya: la cumbre de la megalomanía ecológica

A veces uno se pregunta si ciertas campañas de mercadotecnia se desarrollan en salas de conferencias o en tiendas de oxígeno. De otra manera, es difícil explicar el revuelo que causan los autos eléctricos en las calles del Himalaya. Apenas un auto eléctrico sube un paso de montaña a más de 5,000 metros de altura, los titulares se suceden uno tras otro. Al parecer, el futuro de la movilidad ha conquistado incluso el techo del mundo.

De hecho, esta tendencia pone de manifiesto sobre todo una cosa: cuánto se han alejado los departamentos de relaciones públicas de la realidad.

Descargo de responsabilidad sobre la sátira

El siguiente artículo es una sátira. El autor se desmarca expresamente de todos los hechos, la razón y los puntos de vista equilibrados que puedan haberse colado en este texto.

Cuando lo simbólico se vuelve más importante que la razón

El Himalaya es una de las regiones más inhóspitas de nuestro planeta. El frío extremo, el aire enrarecido, las difíciles condiciones de las carreteras y las distancias gigantescas caracterizan a la región. Para las personas que viven o trabajan allí, lo más importante es la resistencia, la confiabilidad y las soluciones prácticas.

Para la industria del marketing, en cambio, lo que importa es la foto perfecta.

Al fin y al cabo, un auto eléctrico reluciente frente a picos nevados se vende mejor que un informe sobrio sobre las pérdidas de carga a temperaturas bajo cero o los desafíos de un suministro eléctrico irregular.

La realidad solo molesta a la hora de tomar fotos

Lo que falta en las imágenes publicitarias suele ser más interesante que lo que se muestra.

No se ven los vehículos de apoyo, los técnicos, las semanas de planificación, las piezas de repuesto, los equipos de emergencia ni el inmenso esfuerzo organizativo que se requiere para llevar un vehículo moderno a un lugar donde, en la vida cotidiana, casi nadie lo utilizaría.

El auto aparece como el protagonista. La caravana logística que lo acompaña desaparece discretamente de la imagen.

La batería contra las leyes de la naturaleza

La mayor ironía radica en que las condiciones en el Himalaya reúnen precisamente aquellos factores que suponen un gran desafío para los vehículos eléctricos.

El frío reduce el rendimiento de las baterías. Los grandes desniveles requieren grandes reservas de energía. Las largas distancias exigen una infraestructura confiable.

En resumen: el Himalaya no es un argumento a favor de la movilidad eléctrica. Es una prueba de resistencia.

Las excepciones se presentan como la norma

Por supuesto, los autos eléctricos modernos pueden ofrecer un rendimiento impresionante. Nadie lo niega.

Sin embargo, deducir que una maniobra individual espectacular es apta para el uso cotidiano tiene tanto sentido como declarar que un auto de Fórmula 1 es el auto familiar ideal solo porque una vez logró circular sin problemas por el centro de la ciudad.

El hecho de que algo sea posible no significa automáticamente que tenga sentido.

La competencia moderna por el titular más absurdo

Parece que en la industria automotriz se ha desatado una competencia: ¿quién logra la maniobra de relaciones públicas más espectacular?

A veces se conquista la carretera más alta del mundo. Otras veces, el desierto más remoto. Y otras, la región más fría.

El objetivo real rara vez es el avance técnico. Se trata de llamar la atención.

Lo importante es que las fotos se vuelvan virales

El Himalaya queda relegado a un mero telón de fondo. Los paisajes montañosos milenarios sirven de fondo para mensajes de mercadotecnia que, a menudo, caen en el olvido al cabo de unos pocos meses.

Las montañas permanecen. La campaña publicitaria desaparece.

La arrogancia detrás del espectáculo

Es especialmente llamativo con qué naturalidad se presentan esas acciones como un triunfo sobre la naturaleza.

El Himalaya ha sobrevivido a terremotos, glaciaciones e imperios. Pero ahora se supone que la humanidad debe quedar impresionada porque un vehículo de varias toneladas subió por un paso de montaña.

A la naturaleza le impresionará esto más o menos tanto como a una roca una presentación de PowerPoint.

El progreso no necesita un número de circo

El avance técnico no surge de sesiones fotográficas espectaculares en regiones extremas.

El progreso se logra gracias a vehículos accesibles, una infraestructura confiable, baterías de larga duración y soluciones para problemas reales.

Un auto eléctrico en el Himalaya puede ser una buena foto publicitaria. Sin embargo, no responde a ninguna de las preguntas que realmente preocupan a los conductores.

Conclusión: Mucha altura, pocas conclusiones

La historia del auto eléctrico en el Himalaya es, sobre todo, una historia de marketing moderno. Se convierte una excepción extraordinaria en una supuesta revolución. Se construye una historia heroica a partir de una maniobra de relaciones públicas.

Al final, lo que queda es una foto impresionante y una simple conclusión:

El hecho de que se pueda conducir un auto eléctrico hasta el techo del mundo no significa, ni mucho menos, que haya alguna razón válida para hacerlo.

El Himalaya no necesita autos eléctricos como estrellas publicitarias. Son los departamentos de mercadotecnia los que necesitan al Himalaya.